¡Si hay con quién! El reto de la búsqueda de pareja.

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Silvia es una mujer que tiene grandes dificultades para relacionarse luego de haber vivido varias relaciones de pareja poco sanas. En sus relaciones pasadas se había encontrado con hombres que tenían dos características específicas: mentirosos y temerosos del compromiso. Silvia tiene una queja constante al enfrentarse nuevamente al juego de la seducción, a la aventura de conocer a nuevas personas, constantemente repite: «¡No hay con quién! todos son unos mentirosos y no quieren compromiso!

Por otro lado, a mi consulta llegan muchos hombres que refieren querer encontrar su pareja ideal, una mujer con quién comprometerse y tener una relación estable. Buscar esa mujer que los acompañe al futuro. Curiosamente este tipo de sujetos los hay por montones y están buscando pareja, sin embargo muchos de ellos dicen: «¡No hay con quién! Todas se fijan en hombres mentirosos que no quieren compromiso!» 

Esta es una constante paradoja, las mujeres se enfrentan a la aventura de la búsqueda de pareja pensando que no hay con quién, igual que los hombres. Al mismo tiempo, curiosamente, se sienten atraídos y atraídas por esos personajes con los que no les gustaría estar. Es bastante curioso. En alguna de mis consultas le preguntaba a un hombre: «¿Cómo te gustan las mujeres?» el me contesta: «me gustan las mujeres bonitas que tienen buenos cuerpos y que se vistan acorde a esos buenos cuerpos» le pregunté de nuevo «¿Y qué piensas de este tipo de mujeres?» a lo que responde: «creo que son mujeres creídas, que lo miran a uno por encima del hombro, como que uno no les interesa a ellas y ellas no quieren nada conmigo». Curiosamente, sólo hasta que se lo hice notar, mi consultante no se había dado cuenta de todo lo malo que pensaba de esas mujeres que le gustaban. Es decir, gustaba de cierto tipo de mujeres las cuales, al mismo tiempo criticaba. Cuando descubrimos esta incongruencia a través de esta conversación, empezó a hacer consciencia de una buena cantidad de mujeres que lo rodeaban en su cotidianidad, las cuales coincidían con las características físicas y personales coherentes con sus deseos.

En el caso de Silvia, pasó algo similar: a su alrededor había un montón de sujetos que no eran mentirosos y que si querían compromiso, incluso, muchos de ellos ya habían intentado conquistarla y ella simplemente no los había visto.

Tanto en el caso de Silvia como de mi consultante hombre: David, el fenómeno por el que atravesaban, era por una ceguera afectiva provocada por sus creencias sobre el otro género. Al instalar en sus sistemas de creencias la idea de que los hombres o las mujeres son de un modo determinado, inconscientemente sólo sentían atracción hacia esas personas. En otras palabras, el concepto «hombre» o «mujer» estaba asociado en su inconsciente con esas características negativas, por ello automáticamente sólo creían que cierto tipo de hombres o mujeres eran atractivas, cerrando la posibilidad de atracción hacia personalidades más acordes a sus deseos.

A medida que fueron limpiando sus creencias y conociendo sus prejuicios, su percepción del mundo empezó a limpiarse y los prejuicios acerca de la cultura de la seducción, empezaron a conocer personas más honestas y comprometidas y, como consecuencia a sentirse atraídos hacia personas que coincidían con sus parejas ideales.

En nuestra última sesión, Silvia me dice: ¡Sí hay con quién!