El pesimista disfrazado de optimista. Reescribiendo el Verdadero Optimismo.

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Constantemente escuchamos la palabra “optimismo”. Es una palabra que se ha vuelto, junto con el positivismo y la autoestima, en las palabras más trilladas y menos comprendidas de la psicología del desarrollo humano y el mejoramiento personal.

Ya estamos cansados de escuchar frases como:

  • “Tenemos que ser optimistas”
  • “Sé optimista que todo saldrá bien”
  • “Es mejor ser optimista que pesimista”
  • “Si eres optimista las cosas te irán mejor”

Poco a poco se ha ido convirtiendo en una palabra vacía, sin sentido e incluso hasta usada constantemente. En términos generales un optimista es un verdadero experto en esperar lo mejor de cada situación o de ver el “lado bueno de las cosas”. Esta mirada, que nos enseñaron poco a poco nuestros padres, maestros y hasta jefes, es una mirada peligrosa, encierra un peligro y es que podemos volvernos unos expertos en cruzar los dedos y decir: “yo soy optimista, yo confío en que todo saldrá bien”.

Existe otro peligro, además: usar el pesimismo como un disfraz para el pesimismo. El pesimista no espera nada bueno, de nada, es un manojo de nervios y, así mismo, tiene una gran actitud de evitar la acción por temor a que las cosas malas que cree que van a pasar le pasen. He tenido la oportunidad de vivir como un pesimista disfrazado de optimista. En algún momento de mi vida creía que ser optimista era precisamente eso: creer que todo saldría bien y cruzar los dedos; poca acción y mucha esperanza. Con el tiempo me di cuenta de que mi optimismo no era más que una defensa contra mi miedo al fracaso. Era un pesimista disfrazado de optimista y le tenía temor a la acción, pues inconscientemente quería evitar el dolor y el fracaso.

Al darme cuenta de eso, decidí dejar de usar esa palabra, me parecía una palabra vacía, sin sentido y altamente peligrosa. Sin embargo, hace unos días, en una conversación en la que discutíamos una afirmación que llegó a mis manos que decía: “tengo pensamientos de optimismo”, le compartía la afirmación a mi interlocutor y le decía: “ten un día óptimo”.

Sentí como si mi mente hiciera un click. Uno de esos momentos en los que se abren tus ojos, respiras como conteniendo el aliento, como si miraras para adentro y sintieras que tienes una idea para compartir, una nueva forma de ver.

Me fui al diccionario y busqué el significado de la palabra “óptimo” en el diccionario y encontré varias definiciones, las cuales se concentraban en una sola cosa: algo óptimo es algo bueno que no puede ser mejor, es decir, en las mejores condiciones posibles. Decidí entonces reescribir mi creencia sobre el optimismo.

El optimismo es una actitud constante de actuar en las mejores condiciones posibles. 

Dicho de otro modo, el optimismo es un tema de acción, de siempre hacer el mejor esfuerzo, de actuar en condiciones óptimas. Lejos de ser una actitud de simplemente cruzar los dedos para esperar que vengan las cosas buenas, o de verle el lado amable de las cosas, es una decisión de actuar en condiciones óptimas para lograr esas cosas buenas y construir el lado amable de la realidad.

¿Y tu eres un optimista, o un pesimista disfrazado de optimista?